¿Cómo prospera un coworking?

Hay tantas soluciones como tipos de oficinas compartidas, pero algunas pinceladas pueden servir para destacar y crear un valor de marca como espacio colaborativo. Los pequeños detalles son importantes porque la gran variedad de profesionales, que están buscando un coworking, se van a fijar en ellos para firmar.
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» El coworking como catalizador de conexiones
Un coworking no es un espacio de trabajo y ya. Es un catalizador de proyectos e innovaciones de las empresas a las que hospeda. Por eso, es imprescindible que el centro colaborativo ponga todas las herramientas posibles a disposición de sus coworkers y así motivar, por todas las vías, diferentes sinergias entre ellos. Se podría decir que la principal labor de un coworking es la de garantizar la aparición de conexiones que desemboquen en una comunidad férrea y útil.
Por tanto, la prosperidad de un coworking dependerá de la salud y fortaleza de su comunidad; sin ella está condenado al fracaso. Los estudios realizados por Coworking Europe, tras el boom de coworkings de 2012, deja entrever que solo se mantuvieron a flote los que supieron gestionar, mantener e incrementar sus comunidades.

» ¿Cuál es tu propuesta de valor?
Una de las claves, que ya os hemos contado en otras ocasiones, reside en encontrar la propuesta de valor del coworking. Ahora bien espacios atractivos y una comunidad no es suficiente. Los tiempos cambian rápido para los coworkings y los usuarios se vuelven más exigentes.
Existen diferentes formas de dar un valor único a una oficina compartida. La más implantada, es la especialización en un nicho de mercado: los coworkings artesanos o incluso de cocina (cookworking) fueron de los primeros en ponerse en marcha. Pero hay muchas más formas. Una de ellas puede ser potenciar al máximo los espacios y ubicación del sitio. Si el coworking está en un enclave privilegiado o dispone de zonas por las que el resto matarían… ¿a qué esperar para aprovecharlo?

Otra de las posibilidades para generar una propuesta de valor, dirigida a la comunidad, es la filosofía del propio coworking. Algo que a priori parece estar solo al alcance de los grandes espacios. Se trata de no centrarse en un nicho, sino en corrientes como la formación, el lanzamiento de empresas, la innovación, la conciliación laboral… Y si nada de eso funciona, siempre se puede recurrir a ampliar la lista de servicios para los clientes o asociarse a un ente más grande que dé visibilidad y difusión.
Lo que queda claro es que no existe ninguna guía mágica, como nos hacen creer algunos artículos en la red, ni ningún manual for dummies, de cómo crear un coworking spaces de éxito.
» Los coworker son la base del espacio
De todo esto, ¿qué aprovechan los coworkers? Los habrá que no saquen todo el jugo a lo que puede ofrecer un coworking. Pero para el resto, la posibilidad de tejer una red de networking, que funcione como puerta a un sinfín de proyectos distintos para hacer subir a su empresa como la espuma, es de lo más motivadora. Y es ese día a día, ese proyecto a proyecto, el que va creando poco a poco una comunidad de emprendedores. Solo hace falta potenciar las estrategias omnicanal offline y online para crear sinergias, incentivar las iniciativas propias de los coworkers para que hagan suyo el espacio y participar más.

Crear una comunidad es el primer paso para construir una plataforma de posibles clientes. Una red densa de profesionales interconectados no se cose en un día: requiere de muchas medidas, iniciativas y tesón por parte de los organizadores del espacio. Como hemos dicho, no hay una guía maestra para crear una comunidad, ese es el reto de los coworkings.

AUTOR: CARLOS LLERENA
Ejecutivo de IT, empresario, comunicador y académico con trayectoria internacional, experto en tecnología, marketing, gestión de proyectos y resolución de problemas complejos.
En portada: imagen de la película Star Trek