Acordes de la vida freelance

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Acordes de la vida freelance

Me encanta la música. Entre mis virtudes no figura la facilidad para tocar un instrumento o cantar bien, pero me da igual. Yo canto y no solo en la ducha. En mi vida freelance, tarareo estribillos a diestro y siniestro. Lo hago de forma inconsciente. Simplemente, me sale.

 

Incluso por la calle me he descubierto, más de una vez, entonando alguna estrofa y he de reconocer que casi me muero de la vergüenza al darme cuenta de dónde estaba. Mis hijas, que son mis mayores fans en todo lo que hago, aseguran que no canto tan mal como digo, pero sí piensan que, a veces, se me va un poco “la olla” con mis cantares.

Después de meditarlo en profundidad y sin necesidad de acudir a un psicólogo, mi conclusión es que es una válvula de escape que pone banda sonora a mi vida. A través de mis minirecitales expulso adrenalina y verbalizo las ideas y preocupaciones que habitan en mi mente, sin cortarme un pelo, porque yo lo doy todo en mis conciertos. La pasión y el sentimiento que imprimo a las canciones no tienen nada que envidiar a las de sus intérpretes originales.

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Aplico esta terapia antiestrés a todos los ámbitos de mi vida, tanto al personal como al laboral. Hago mis propias versiones adaptadas, eso sí. El repertorio suele ser distinto aunque, algunas veces, hay temas que me sirven para mis dos mundos, como Sobreviviré, de Mónica Naranjo. En esos días en los que, al levantarme, solo veo una montaña de problemas para solucionar, bien sean de índole familiar o laboral, acuden raudas y veloces las estrofas que dicen: “Cada amanecer me derrumbo al ver la puta realidad. No hay en el mundo, no, nadie más frágil que yo. Pelo acrílico, cuero y tacón, maquillaje hasta en el corazón y al anochecer vuelve a florecer. ¡Ah, ah, ah, ah! Debo sobrevivir, mintiéndome. Sobreviviré, buscaré un hogar entre los escombros de mi soledad”.

Si alguien conoce a algún director, que esté pensando en rodar una película sobre freelances, que no dude en darle mi contacto por si quiere un buen asesoramiento para la banda sonora. Yo la tengo muy trabajada y estoy segura de que representa a la mayor parte de los profesionales independientes.

Cuando tengo en mente algún proyecto profesional, ahí están Estopa y Rosario Flores, explicando exactamente lo que siento: “A mí me suena el run run de mi corazón. Suena el Big Bang dentro de una canción, un universo que quiere nacer. A mi me suena su run, mi mundo interior, que a mi me gusta que se escuche bien. Si es que algo me quema. Por dentro tengo una hoguera, aunque mi sangre se envenena, con el tiempo que me queda”.

Ante la perspectiva de un día decisivo, para lograr algún objetivo laboral, tengo varias opciones musicales que imprimen fuerza y moral. La ganadora suele ser Hoy puede ser un gran día de Serrat. Toda la canción me resulta inspiradora, por eso, es de las pocas que me sé entera. No hay estrofas para desechar. Comienza fuerte: “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovechar lo que pase de largo, depende en parte de ti”. Y no decae en ningún momento: “Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día y mañana también”.

Si estoy convencida de que tengo casi controlado un reto laboral, mi compañera musical es Hoy todo va salirme bien de El Arrebato. Me vengo arriba al canturrear: “Hoy va a ser un día grande. Hoy todo va a salirme bien. Tengo a la luna de mi parte y todo va a salirme bien. Hay energía positiva en cada poro de mi piel. No se me quita la sonrisa. Estoy contento, bien, bien, bien, bien, bien”.

Cuando estoy un pelín “acojoná” por algo relacionado con el curro, que supone un cambio, pero estoy casi segura de que va a ir bien, el tema musical que me respalda es Color esperanza de Diego Torres porque es importante no olvidar que: “Saber que se puede, querer que se pueda. Quitarse los miedos sacarlos afuera. Pintarse la cara color esperanza. Tentar al futuro con el corazón. Es mejor perderse que nunca embarcar. Mejor tentarse a dejar de intentar. Aunque ya ves que no es tan fácil empezar”.

Y para celebrar un éxito laboral, ¿qué mejor que We Are The Champions, de Queen? ¿Quién se puede resistir, en ese momento, a gritar a todo pulmón: “We are the champions, we are the champions. No time for losers ‘cause we are the champions of the world”?

La forma de vida de los autónomos no está precisamente exenta de momentos de tensión. Perseguir a morosos que se “hacen los despistados” a la hora de pagar nuestros honorarios es un martirio. El importe mensual draconiano de la cuota de autónomos a la Seguridad Social supone un constante dolor en nuestro bolsillo. Las ridículas retribuciones, que algunos clientes ofrecen a cambio de nuestros servicios, nos hacen plantearnos si tenemos cara de tontos… Como tragarse toda la mala leche que estos hechos habituales generan no es bueno para la salud, la música es una magnífica alternativa a darse a la bebida.

Para los días perezosos, en los que no apetece nada trabajar, Raphael es mi solución. Su Canción del Trabajo me pone las pilas en un segundo al recordarme que: “Arrastrar la dura cadena, trabajar sin tregua y sin fin es lo mismo que una condena que ninguno puede eludir”.

Al final del día, si mi marido me pregunta por el trabajo y prefiero no pensar más en la jornada laboral, le digo un escueto: “prefiero no hablar de eso ahora”. Sin embargo, en mi mente, al más puro estilo Pimpinela, le respondo con: “When I get home, I don’t want you to speak. Don’t talk to me about work. Please don’t talk to me about work”, una estrofa de Lou Reed de su acertadísimo tema Don’t Talk To Me About Work.

Otro momento, en el que saco mi repertorio, es cuando tengo una discusión laboral. Al finalizar, para reafirmarme en mi postura y autoconvencerme de que he hecho bien en defender mi propuesta, Alaska y Dinarama acuden raudos a mi con A quién le importa. Yo sé que: “me mantendré firme en mis convicciones, reforzare mis posiciones. Mi destino es el que yo decido, el que yo elijo para mi. ¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré”.

En fin, de todos es conocido que en esto de la vida freelance no hay nada seguro y que, cada día, vamos construyendo nuestro proyecto con mucho esfuerzo. Debe ser por eso que, muchas noches, antes de caer en los brazos de Morfeo, me acuna Serrat con su Cantares y la estrofa versionada del gran poeta Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Golpe a golpe, verso a verso”. Así me duermo, confiando en que al día siguiente tendré una gran jornada y una nueva oportunidad para seguir forjando mi propio destino con éxito. ¡Viva la música! Y gracias por su incondicional apoyo.

En portada: imagen de la película Cantando bajo la lluvia

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Nuria Calle

Periodista freelance y escritora. La rutina no es lo suyo, por eso decidió lanzarse a la aventura de ser escritora y contar sus vivencias como ciudadana del mundo. En los últimos siete años ha vivido en Suecia y en España. Ahora termina de mudarse a Dallas, Estados Unidos.

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