Sayonara baby, soy la economía colaborativa y he venido para quedarme

soy la economía colaborativa

Sayonara baby, soy la economía colaborativa y he venido para quedarme

Últimamente hablamos tanto de economía colaborativa que existe la sensación de no saber ya cuándo ni dónde ni por qué apareció en nuestras vidas como un nuevo modelo económico.

 

Parece difícil de creer pero cada vez hay más gente a la que la palabra «consumismo» produce cierto rechazo, y el hiperconsumismo, que busca llevarnos hasta puntos extremos, intentando seducirnos y hacernos gastar sin freno, está perdiendo adeptos.

Tal vez hayan sido, en rasgos generales, la crisis económica y el auge de las nuevas tecnologías los factores que hayan impulsado el consumo colaborativo. De hecho hace escasos años algunos ya predecían la revolución colaborativa que estaba a punto de llegar. En 2007 el experto en marketing Ray Algar fue uno de los primeros en augurar la llegada de este fenómeno; y en 2011 la propia revista TIME recogió la idea catalogándola como uno de los inventos que cambiaría nuestra forma de vida.

Desechar intermediarios y maximizar los usos de los bienes y servicios son dos de las razones que surgen con fuerza de este nuevo paradigma. Pero, ¿por qué surge el consumo colaborativo? Un informe de «The Collaborative Economy» cita los tres grandes bloques que han impulsado la economía colaborativa: social, económico y tecnológico.

Entre las razones sociales destacan la conciencia sobre el impacto ambiental de nuestros hábitos de consumo. Aquí entran en juego la reutilización y la maximización de nuestros bienes para disminuir el impacto de los deshechos; el aumento de la densidad de población conectada entre sí, lo que facilita el compartir; y también el mayor sentimiento de comunidad que desemboca casi en un cambio cultural donde la gente empieza a confiar en los demás más allá de las empresas. Aquí destacan los casos ya muy conocidos de Airbnb, plataforma de alojamiento en casas particulares, o BlaBlaCar, donde los usuarios comparten coche para largos desplazamientos.

La economía colaborativa ha entrado de lleno en todos los aspectos de nuestra vida. Tanto que hasta el empleo en algunos casos se puede definir «colaborativo». El perfil del freelance y autónomo está cobrando fuerza -de hecho se calcula que en 10 años la mitad de la población será freelance– y gracias a este fenómeno se están asentando nuevos entornos y comunidades donde se comparten proyectos y conocimiento.

También existen motivos tecnológicos. El crecimiento e implantación de las redes sociales facilitan la comunicación, la oferta y la demanda, por lo que el consumo colaborativo ha encontrado la vía perfecta para darse a conocer. Si algo tiene Internet es el poder de expandir y compartir información al segundo. También los smartphones y plataformas tecnológicas, hoy en día al alcance de muchas personas, permiten la descarga y el uso cuándo y dónde quieras. Es aquí donde aparece el boom de esta nueva revolución. Por ejemplo, algún día alguien tuvo la gran idea de mirar a su alrededor y pensar que a más de uno le gustaría viajar en taxi pagando menos de la mitad. Ya, ¿y cómo?. Pues creando una plataforma que permita compartirlo con otros usuarios, como Jointaxi. Otra persona, seguramente amante de viajar en autocaravana, analizó su economía y se deprimió por no poder cumplir su sueño de tener una que le permitiera viajar por lugares maravillosos. Pues no se conformó con eso, sino que creó una aplicación que permitiera compartir autocaravanas, como el caso de AreaVan. Bien pensado, ¿no?.

Y cómo no, las razones económicas también han servido de incremento a la economía colaborativa. Entre ellas, aprovechar la inactividad de nuestros bienes. Muchos objetos los compramos para darles un único uso, cuando después podríamos compartirlos. No es casual que el consumo colaborativo haya empezado a surgir en países europeos y algunas zonas norteamericanas donde la crisis económica había golpeado con fuerza. Este paradigma resulta una vía fácil para ahorrar e incluso ganar dinero, al ofrecer tus propios bienes y compartirlos.

Está claro que esto no surge como un invento. De hecho puede incluso parecer que estamos volviendo al pasado, donde casi todo se compartía y pocas personas lograban poseer bienes propios. Surge de nuevo el emprendimiento: analizar tu alrededor, ser crítico, detectar qué necesitamos y crear algo que lo satisfaga. Hoy en día queremos acceder, llegar a todo, más que poseer algo de por vida. Está claro que la gente seguirá adquiriendo bienes pero también es cierto que cada vez nos abruma más el hecho de acumular y acumular productos que ya no sirven. Mejor compartirlos.

En portada: imagen de la película Terminator 2: el juicio final

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Lucía Fernández

Madrileña, graduada en Periodismo y Comunicación Integral por la Universidad Francisco de Vitoria. Empezó a rodar en los medios digitales de su universidad (reportera, locutora de radio y redactora), siguió su formación en Canal+ Liga y en departamentos de marketing y ahora trabaja como community manager para una importante empresa de consultoría. Apasionada del periodismo como herramienta para dar voz a los que no la tienen.

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