Las oficinas del futuro ya están aquí

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Las oficinas del futuro ya están aquí

Hubo un tiempo en el que las grandes empresas, o más bien sus ególatras dueños, competían por destacar en las junglas de asfalto. Cada uno quería ser el Goliat de los negocios y todo valía para hacérselo saber al mundo. A principio de siglo los edificios corporativos eran los buques insignia de las empresas; cuanto más grandes y altas fuesen tus oficinas, más importante sería tu negocio. Lo que dio lugar a espectaculares rascacielos de magnitudes babilónicas que se batían en duelo por ver quien «la tenía más grande».

 

Las empresas se convirtieron en auténticas fortalezas donde poco o nada importaba el bienestar de los empleados. La única meta era ser más que el competidor inmediato de turno. Y como toda buena fortaleza, la regía un señor situado en lo alto de la más alta torre. Una manera más que efectiva para trasladar de una forma visual su superioridad jerárquica y remarcar el lugar que le correspondía a cada uno en la empresa.

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Skyline Manhattan

 

Cubículos, departamentos por plantas, despachos, una secretaria por despacho, salas de reuniones, servicios para empleados y servicios para ejecutivos… Gracias a tu productividad y entrega podías conseguir una flamante tercera pared para hacer tu minúsculo cubículo un poco más acogedor. Eran los símbolos de las oficinas hasta no hace mucho. Pero hoy las empresas han declarado la guerra a estos símbolos de una organización clasista y desfasada. Hoy podemos decir que los despachos han muerto.

Los rascacielos corporativos están pasando a ser mausoleos de otro tiempo y se embeben en los cascos de las grandes ciudades. Por el contrario, los Goliats de nuestros días huyen de los centros urbanos para desarrollar nuevos proyectos bajo las premisas de la arquitectura horizontal. Las jerarquías piramidales han llegado a su fin y se debe eliminar cualquier rasgo de ellas en el lugar de trabajo.

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Campus de Facebook, por Frank Gary

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Campus de Facebook, por Frank Gary

 

La nueva oficina consiste en un campus corporativo situado en parques empresariales bajo diseños de arquitecturas horizontales. Las grandes empresas están construyendo pequeñas ciudades-jardín rodeadas por edificios bajos con espacios abiertos que reflejen los nuevos valores de las dinámicas de trabajo colaborativo. Se acabó estar en una empresa en la que jamás has visto la cara del jefe porque se pasa el día en su despacho. En la nueva concepción de oficina nadie tiene despachos, todos trabajan en la misma área y cada trabajador puede disponer de todos los recursos a voluntad.

La idea de la arquitectura horizontal es conseguir motivar al empleado a través del diseño y la usabilidad del lugar de trabajo. Todos hemos oído hablar sobre toboganes, capsulas de siesta o rocódromos dentro de la oficina… pero no se trata de entretener al trabajador para que se sienta feliz; más bien consiste en conjugar felicidad, salud y productividad. Diluir la frontera entre ocio y trabajo para que cada tarea que se realice se haga de manera placentera y de la forma que el empleado considere más acertada, ya sea tumbado en el césped como tirándose por un tobogán.

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Oficinas Google

 

Priman los resultados por encima de las formas, por eso las oficinas del futuro comienzan a tomar la estética de cafeterías o clubes sociales. Porque quién en su sano juicio estaría feliz de ir cada mañana al mismo cubículo aburrido cuyo único resquicio de felicidad son los recortes de las viñetas del periódico. En las oficinas del futuro no hay asientos asignados y los horarios son flexibles. Todo se enfoca al bienestar del empleado.

La comprensión de la relación laboral como una simple transacción de dinero a cambio de trabajo se desdibuja. De esa forma el trabajador integrará los valores de la empresa como propios y su productividad mejorará. Sin embargo, no todo son cuentos de hadas. Estos campus prestan todos los servicios de una ciudad con el objetivo de incrementar la concentración y facilitar la vida a los empleados. Pero se corre el riesgo de terminar cayendo en el modelo de ciudad-fábrica de la época industrial del siglo XIX que rozaban el esclavismo. Un modelo que ofrecía casa y servicios a sus trabajadores para controlar a los empleados en todo momento y que terminó por desaparecer tras las iniciativas de Walt Disney en el proyecto de ciudad-fábrica para sus empleados donde pidió a las autoridades poder gobernar a su antojo con una jurisdicción propia y ajena al Estado. Hoy en día (por suerte) no es así, pero el control se ejerce de igual forma a través de las nuevas tecnologías móviles que permiten la localización inmediata de toda la plantilla.

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Ciudad BBVA, Madrid

 

Esperemos que estos campus corporativos nacidos en las empresas tecnológicas de Silicon Valley y que han desembarcado en España con la ciudad BBVA en Madrid no terminen por convertirse en la Ciudad de pesadilla del creador del roedor más famoso del mundo.

En portada: imagen de la película High-Rise

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Diego Sánchez

Periodista y comunicador audiovisual de formación. Periodista freelance y maquetador editorial como profesión actual. Siempre en busca de la creatividad y con un escudo de optimismo.

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