El éxito de una start-up radica en su singularidad

ley de la singularidad

El éxito de una start-up radica en su singularidad

Hace falta mucho valor para montar una start-up, pero no es lo único que se necesita para que lo pete. Si se quiere dar el braguetazo empresarial hay que olvidarse del discurso de trabajar como una hormiga y el esfuerzo continuo. No señor, no. Aquí hemos venido a hablar de un BRA-GUE-TA-ZO empresarial y para ello necesitamos conocer la Ley de la Singularidad.

 

Hace unos años, los gurús del marketing Al Ries y Jack Trout escribieron un librito llamado Las 22 leyes inmutables del marketing. En él, aparece una ley que parece haber sido formulada por y para una start-up: La Ley de la Singularidad. Dice así: “En cada situación, cada jugada producirá resultados sustanciales”. Y esto, ¿qué quiere decir? Que el hecho de marcar la diferencia, a nivel empresarial, consiste en jugárselo todo (o casi todo) a una baza. Eso es precisamente lo que hacen las start-up.

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Para estos gurús, el esfuerzo queda en segundo plano (aunque, siendo sinceros, pocos vagos llegan a la cima). Lo importante es dar con la idea y el proyecto adecuado, en el momento adecuado y ponerlo en marcha de la manera más adecuada posible. No toda estrategia va a tener éxito, esto no es un buffet libre en el que vas cogiendo un poco de cada bandeja. Lo que funciona, según la Ley de la Singularidad, es dar un golpe audaz y único que adelante por la derecha a la competencia.

Suena bien ¿no? Más de uno estará pensando en el momento “eureka” y dirá: “Joder, ¿por qué no tendré yo una idea feliz que me haga millonario?”. No es tan sencillo. Las singularidades se buscan, no surgen por generación espontánea.

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Para identificar una singularidad, que nos haga únicos y lleve a nuestra start-up al estrellato, antes tenemos que conocer bien nuestra empresa. Hacer el típico análisis DAFO nunca está de más. Si sabes identificar tus debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades, de manera clara, ya tienes un buen trecho del proceso cubierto. Por lo general, las carencias de una start-up suelen ser: una red comercial pequeña, poca experiencia en el sector (no olvidemos que vienen a revolucionarlo), pocos recursos o la falta de proveedores. Esas debilidades caen en el olvido en cuanto aparece ella: la singularidad. Es entonces cuando surge ese proyecto diferenciador, inesperado, que revoluciona todo y que funciona.

De acuerdo, tenemos todos los ingredientes: conocemos nuestro negocio, lo hemos hecho singular y único… ¿Y ahora? ¿Qué?

El último paso del braguetazo empresarial, basado en la Ley de la Singularidad, sería desarrollar la propuesta de valor del proyecto. Dicha propuesta hay que comunicarla; sin comunicación no hay mercado a quien venderle nada. Tu start-up es singular, sí, pero hay que ponerlo de manifiesto y hacerla reconocible y atractiva. Para ello es necesario identificar el potencial del proyecto, seguir estrictamente el método que nos hemos planteado y llevarlo a cabo sin perder el norte de nuestra misión empresarial.

Si se hace bien, esto es aplicable a casi cualquier sector. En Emprendedores.es hicieron una selección de algunos de los negocios más rocambolescos que han llevado su singularidad casi al límite. Se puede encontrar desde un crowdfunding de bodegas hasta una empresa que gestiona las bajas de sus clientes en otros servicios, pasando por juguetes de construcción de casas de muñecas.

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¿Cuál es tu singularidad?

En portada: imagen de la serie Rick y Morty

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Diego Sánchez

Periodista y comunicador audiovisual de formación. Periodista freelance y maquetador editorial como profesión actual. Siempre en busca de la creatividad y con un escudo de optimismo.

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