Hábitos poco saludables que acechan al trabajador independiente

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Hábitos poco saludables que acechan al trabajador independiente

Queridos lectores:

 

Hoy siento la necesidad de compartir en este blog las pequeñas miserias, relacionadas con el cuidado de la salud, que la mayoría de nosotros sobrellevamos como podemos en cada jornada laboral.

 

Cuando yo empecé a trabajar como freelance me marqué unos objetivos vitales muy optimistas y sanos. Y he de decir que llegué a cumplirlos… aproximadamente un mes. En los albores de mi nueva etapa laboral conseguí ir al gimnasio tres días a la semana y hacía una comida de lo más equilibrada. Pero todo cambió cuando empecé a tener más clientes y, sobre todo, al tener hijos.

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A veces, cuando apago el ordenador y quiero salir pitando al colegio para recoger a mis hijas, mi cuerpo no me responde. Tengo un dolor en las lumbares que me mata y hace que, al levantarme, parezca una alcayata. Soy la viva estampa de la tía Ramona del pueblo; aquella señora, más vieja que Matusalén, que sentada en una sillita baja en la plaza, controlaba el movimiento de toda la villa y cuando se iba a casa, arrastraba penosamente su cuerpo envuelto en ropas negras y mandil.

Pero las lumbares no es lo único que me duele, no. Al igual que Rambo, no siento las piernas y noto el culo acorchado porque se ha quedado dormido. En esos momentos, mi glamour natural se encuentra a kilómetros de distancia. Es precisamente en ese instante, en el paso de estar sentada a ponerme de pie y sentir todos esos síntomas, cuando sé que una vez más, me he pasado de la raya. Llevo demasiadas horas trabajando sin descanso. Y lo peor es que esto me ocurre con mucha frecuencia.

La ausencia de horarios es la responsable de privarnos de numerosas horas de sueño al mes. Aprovechamos tanto el horario diurno, para compaginar trabajo y vida personal, que casi de manera sistemática tenemos que recurrir a la noche para terminar nuestros trabajos y entregarlos a tiempo.

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Hace algunos años, vivía en un edificio en el que tenía por vecinas a dos señoras mayores y encantadoras, que se preocupaban muchísimo por mí debido a que tenía un bebé y mi marido viajaba con frecuencia. Una mañana, al regresar de dejar a la niña en la guardería, me encontré con ellas y muy impresionadas me dijeron: “Hija, trabajas demasiado, ayer te acostaste tardísimo. La luz de tu despacho estuvo encendida hasta la madrugada. No puedes seguir así. Tienes que cuidarte más.” ¡Qué razón tenían las pobres! Dormía y duermo, demasiado poco. Necesitaría días de 48 horas aunque, como me dijo sabiamente mi madre en una ocasión, multiplicar el día por dos no haría más que empeorar mi situación porque trabajaría más horas, pero no descansaría más.

La comida es otra de las lagunas en el cuidado de la salud en nuestro gremio. Es verdad que tomamos muchas ensaladas, pero quizás en exceso y poco variadas porque en el frigorífico es raro tener mucho más que una lechuga y algún tomate. El universo de los restos suele ser un gran aliado, pero eso no significa que pertenezca al lado luminoso de la Fuerza. El filete ruso solitario, los tres nuggets de pollo o el cacillo de risotto, diría que pertenecen, más bien, al lado oscuro, sobre todo si se engullen sin recalentar y andando por la casa, mientras se recopilan la cartera, el móvil y las llaves del coche.

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El tabaco y el café son los otros dos enemigos que acechan a los trabajadores independientes. En estos casos me salvo porque, afortunadamente para mí, no soy fumadora y tampoco me gusta especialmente esta bebida. Menos mal, porque con lo nerviosa que soy sería terrible para mi salud. Encendería cigarrillo tras cigarrillo y tomaría litros y litros de café, sin control alguno ya que, como comentan algunos colegas, es muy difícil frenar su consumo cuando se ve favorecido por las condiciones de trabajo de muchos freelances.

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Casi todos estos problemas mejoran notablemente trabajando en un coworking. El ambiente y los amigos que se echan allí promueven una vida mucho más saludable. Siempre hay algún compañero dispuesto a sacarte un rato a desayunar o se organizan quedadas para hacer algo de ejercicio. La hora de la comida es un buen momento para exhibir las dotes culinarias y compartir recetas de fácil preparación y saludables.

Como no nos andemos con ojito y no empecemos a seguir el consejo de mis vecinas de cuidarnos un poco más, preveo que, en poco tiempo, va a surgir una nueva especialidad médica basada en el estudio y cuidado de la salud de los freelance: la “freelancelogía”.

En portada: imagen de la película Wall-E

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Nuria Calle

Periodista freelance y escritora. La rutina no es lo suyo, por eso decidió lanzarse a la aventura de ser escritora y contar sus vivencias como ciudadana del mundo. En los últimos siete años ha vivido en Suecia y en España. Ahora termina de mudarse a Dallas, Estados Unidos.

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