La OCU confirma que en España reina la economía colaborativa

España reina la economía colaborativa

La OCU confirma que en España reina la economía colaborativa

Hace algunos meses hablaba en otro artículo sobre la revolución de la economía colaborativa. Y no es algo que sólo haya observado yo, sino que las estadísticas lo confirman. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) estima un potencial de 110.000 millones de dólares en un futuro cercano y, de momento, no se queda corto.

 

Hemos apostado por una nueva forma de intercambio llamada compartir y estamos ante un fenómeno imparable. Tanto es así que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha realizado una encuesta en España sobre la satisfacción de la economía colaborativa, y sus resultados han sido publicados recientemente. El cuestionario se ha difundido a más de 2.000 consumidores quienes respondieron preguntas del tipo qué iniciativas conoces y cómo de satisfecho estás con ellas. Muchos nunca habrán oído hablar de este concepto, o quizá no conozcan las miles de aplicaciones que tienen como base el consumo colaborativo, pero lo cierto es que se han logrado varias conclusiones.

 
Los consumidores españoles conocemos y participamos del consumo colaborativo

La primera de ellas –sorprendente o no– ha sido que los consumidores españoles conocen perfectamente el término de economía colaborativa y la existencia de sus diferentes formas. De hecho, más de la mitad de los encuestados afirma haber participado alguna vez en el consumo colaborativo, y casi el 75% reconoce haber interactuado en plataformas de reventa, compra-venta e intercambio de artículos de segunda mano.

Pensándolo bien, cada vez que descubro nuevas plataformas de consumo colaborativo tiendo a pensar que ha sido gracias a la revolución de internet (que en gran parte ha sido así), pero este paradigma ya se venía utilizando años atrás. Así lo refleja el informe de la OCU, que señala también que la participación en estas iniciativas se realiza además, y de manera evidente, de forma offline a través de amigos, compañeros de trabajo o familiares. Evidente, claro está. Aquel sofá que ya no uso o ese smartphone que quiero desechar para comprarme el último modelo no van a ir a la basura (¡con lo que han costado!), así que buena opción es tantear en mi entorno una posible reventa o intercambio por algo de interés.

 
¿Y por qué nos decantamos por este tipo de consumo?

El motivo principal es el económico. Apostamos por el intercambio para ahorrar dinero y también para ganarlo. De hecho, cada vez son más los que utilizan estos medios, pues sólo un 17% de los encuestados se muestran desconfiados ante este tipo de plataformas porque desconocen completamente el concepto o les da pavor navegar por el gigante Internet.

Un estudio de Nielsen concluye que en España el 53% de los ciudadanos están dispuestos a intercambiar y a compartir bienes dentro del consumo colaborativo, posicionándonos así como uno de los países de la Unión Europea con mayor potencial de crecimiento en este sector.

Y por hablar de problemas… la verdad es que los consumidores no ponen muchas pegas a este tipo de consumo. Aunque, por su parte, la OCU reclama regulación clara y formas viables de resolución de conflictos para proteger a los consumidores y para evitar las críticas que surgen ante esta nueva forma de economía.

Quienes sí ensalzan lo negativo de este consumo son los empresarios. Por ejemplo, hace pocos meses en París, los taxistas realizaron un parón a modo de manifestación con sus taxis como protesta por la aplicación Uber, una app americana que ofrece una amplia red de transporte.

Por su parte, la Unión Europea ha reaccionado por primera vez posicionándose sobre este modelo, publicando un dictamen el pasado mes de diciembre por parte del Comité de las Regiones (CDR). Entre otras cosas, lo que hace el informe es catalogar los tipos de servicios que puede abarcar la economía colaborativa, y se refiere a cuatro que tienen en común el hecho de compartir, colaborar y cooperar:

  • Economía de acceso, que se refiere a las iniciativas que comercializan el acceso a bienes y servicios pero no su apropiación.
  • Economía de trabajos ocasionales, que fomenta los trabajos temporales que se ofrecen a través de internet.
  • Economía inter pares, que introduce a los usuarios diseñando el proceso de producción y a los clientes conformando una comunidad.
  • Economía de puesta en común, que se refiere a iniciativas de propiedad o gestión colectiva.
 

Además, el CDR pide a los organismos europeos que se esfuercen en plantear el sistema colaborativo «como un fenómeno económico, político y social» que supone «cambios potenciales sobre los actuales sistemas económicos». Así, propone crear un «ecosistema institucional colaborativo» para favorecer la movilidad, el paisaje urbano, el bienestar y el medio ambiente. Pero también el CDR identifica los aspectos negativos del consumo colaborativo, mostrándose crítico con aquellas iniciativas que falsean los mercados disfrazándose de economía colaborativa.

En portada: imagen de la película Matar a un rey

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España reina la economía colaborativa

Lucía Fernández

Madrileña, graduada en Periodismo y Comunicación Integral por la Universidad Francisco de Vitoria. Empezó a rodar en los medios digitales de su universidad (reportera, locutora de radio y redactora), siguió su formación en Canal+ Liga y en departamentos de marketing y ahora trabaja como community manager para una importante empresa de consultoría. Apasionada del periodismo como herramienta para dar voz a los que no la tienen.

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