Las deudas también son cosas de emprendedores

deudas del emprendedor

Las deudas también son cosas de emprendedores

Un emprendedor lo es en las duras y en las maduras. Siempre hablamos de la parte más atractiva, pero existe otra mucho más escabrosa: el agobio de las deudas del emprendedor. Emprender conlleva riesgos, por supuesto, pero no por ello debemos ocultarlos debajo de la alfombra. Cuando todo se trunca se necesitan respuestas y soluciones creativas. Es en esos momentos cuando el emprendedor necesita, más que nunca, emprender.

 

Muchos podrían pensar que la asfixia que producen las deudas son la némesis del emprendimiento, pero me niego a pensar que eso sea así. En el momento más crudo de una empresa, una start-up o una pyme es cuando surgen los emprendimientos más audaces. Se necesita una mente clara y un pulso de cirujano para operar con diligencia en las partes del negocio que peligran y pasar el bache.

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¡Que no cunda el pánico! Lo primero es pasar la fase del duelo; nuestra empresa siempre va a ser una pequeña parte de nosotros y, como si de un hijo se tratase, le deseamos lo mejor. Sin embargo, no hay que enrocarse en la negación absoluta del problema. Lo ideal es llegar a la fase de aceptación lo más rápido posible, analizar la situación y poner a pleno rendimiento toda la materia gris para buscar soluciones.

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Pero ¿a qué tipo de problema nos enfrentamos? Mal que nos pese, casi todos nuestros quebraderos de cabeza vendrán del señor Capital. La financiación suele ser la piedra angular de todo proyecto. Por esa razón, en cuanto los ingresos bajan, los proveedores fallan o los clientes empiezan a practicar la morosidad, la cosa se pone fea. Lo bueno de todo esto es que no suelen ser situaciones sobrevenidas, van dando pequeñas señales. En el primer atisbo de problemas, hay que remangarse y arreglar la situación.

Emprendedor precavido vale por dos. Recordad al maestro Miyagi: nada de precipitarse. Primero dar cera y después pulirla. De poco vale echarse las manos a la cabeza, cuando la situación lleva enconada demasiado tiempo y nos enfrentamos a una refinanciación forzosa, con una liquidación al final. Sería un escenario catastrófico y, ante él, solo nos queda la anticipación.

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En cuanto nuestro ebitda sea inferior a nuestra deuda debemos hacer saltar todas las alarmas. Es el momento de tomar medidas, pero ¿cuáles? Principalmente son tres: nuevas inversiones, refinanciación y negociación de aplazamientos, fraccionamientos de deudas y pagos al fisco. Nuestras decisiones han de guiarse en función de nuestra situación concreta y del estudio económico en profundidad que hagamos.

Hay que ser realistas: somos pequeños emprendedores, sí, pero muy pequeños comparados con los grandes bancos. Si las tres efes (Family, Friends & Fools) no llegan para financiarnos, hay que tirar de la banca. Y para ello, hace falta labia. En el caso de una financiación preventiva o necesaria, la revista Emprendedores nos recomienda preparar un buen argumentario que cautive al banco, o mejor, a los bancos. Si tenemos la deuda distribuida entre varias entidades, siempre habrá mejores perspectivas. El déficit monetario cae como una losa en el ánimo de cualquier emprendedor, pero hay que mantener la mente fría para tomar una cadena de decisiones difíciles. Por ello, se debe llegar a la negociación con un plan de viabilidad formidable y hechos fehacientes de la solidez del negocio. Y por supuesto, avalar garantías; si no difícilmente conseguiremos una quita, un aplazamiento o un alargamiento.

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Otra opción, no excluyente, sería el aplazamiento o fraccionamiento de deudas y pagos con Hacienda. En estos casos, por sorprendente que parezca, la Administración suele ser más benevolente que los bancos. Es una buena alternativa, si no llegan las inversiones. En 2017, los aplazamientos de los impuestos genéricos se endurecieron con el Real Decreto-Ley 3/2016 sobre la reforma tributaria, pero el Gobierno reculó. Por ejemplo, ya se puede aplazar el IVA no cobrado, con un interés legal del dinero, si se cuenta con aval del banco o por demora, si no es así. Una posibilidad más que puede darnos un pequeño respiro.

Sin embargo, la mejor opción sigue siendo la prevención ante la primera fisura. Porque volviendo a las enseñanzas del maestro Miyagi: «Mejor forma para evitar golpe: no estar allí«.

En portada: imagen de la película Karate Kid, el momento de la verdad

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Diego Sánchez

Periodista y comunicador audiovisual de formación. Periodista freelance y maquetador editorial como profesión actual. Siempre en busca de la creatividad y con un escudo de optimismo.

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