Coworking te presentamos al Design Thinking

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Coworking te presentamos al Design Thinking

El mercado se globaliza y los empleos se diversifican. Hoy en día, ningún trabajo consta de una única función. Las ideas de negocio actuales se basan en la innovación de nuevos productos y servicios. Y para ello, no podemos esperar un resultado diferente haciendo siempre lo mismo. Es necesario renovar nuestros métodos y adaptarlos a los cambios con los medios de los que disponemos. Es la hora de emplear el design thinking.

 

¿Qué tiene que ver el design thinking con los coworkings? Más de lo que a priori parece. Muchos de los emprendedores, que pueblan los coworkings del mundo, proceden de la rama del diseño y conocen esta metodología mejor que nadie. El design thinking trata de colocar al usuario final o cliente final en el foco del proceso productivo. Su objetivo es comprenderle y cubrir sus necesidades, no crearle unas nuevas.

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En principio, puede parecer que la aplicación del design thinking es exclusiva para el ámbito de los diseñadores. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que este método surgió de entre las filas del diseño, allá por el año 1970, en la universidad de Stanford (California). Pero ha conseguido transgredir ese uso exclusivo y ahora es aplicable a todo tipo de disciplinas. Es una metodología versátil, con prácticas y principios asumibles por otros ámbitos. Solo hace falta colaboración, trabajo en equipo interdisciplinar y una visión amplia que garantice una percepción completa del problema. ¿No suena muy parecido a lo que se hace en un coworking?

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El uso del design thinking consiste en emplear el conocimiento sobre las necesidades del usuario para encontrar soluciones de forma eficiente e innovadora. La participación de profesionales interdisciplinares, de todo tipo de áreas, enriquece las posibles ideas que surjan del proceso. Muchas grandes empresas como Apple, Google o Inditex se han subido al tren del design thinking por una sencilla razón: fomenta la innovación en la empresa de una manera tecnológicamente factible y financieramente viable. Es una optimización de los procesos en toda regla.

Pero, ¿cómo funciona? ¿Y cómo puede aplicarse en un coworking? En el design thinking, la fuente de información es el usuario del producto final que se quiere desarrollar. En el caso del coworking los emprendedores giran en torno a sus clientes: mismo foco, diferente nombre. El proceso del design thinking pasa por cinco fases cronológicas distintas:

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  • Empatizar con el usuario/cliente y comprenderle para, tras estudiarle, poder ponernos en su lugar y obtener las soluciones que espera y que le interesan.
  • Definir de forma clara aquello que queremos desarrollar para entenderlo completamente.
  • Idear e innovar una vez entendido el problema. Se trata de obtener el mayor número de ideas posibles y explorar su potencial.
  • Prototipar para observar ventajas e inconvenientes en la materialización de nuestras ideas. No tiene por qué funcionar, sólo explicarse visualmente.
  • Evaluar o testar el producto con los usuarios y corregir los errores e implementar los aciertos.
 

Este método consiste, en definitiva, en crear sinergias de igual manera que lo hacen los coworkers en un espacio de trabajo compartido. De una forma organizada y controlada se pueden llegar a combinar intuición y pensamiento racional, en un solo método, basado en la perspicacia, la observación y la empatía.

Estos son los ingredientes perfectos para obtener soluciones innovadoras de forma eficaz y rápida. Ahora solo falta que los coworkings y coworkers apliquen la receta.

En portada: imagen del documental Design & Thinking

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Diego Sánchez

Periodista y comunicador audiovisual de formación. Periodista freelance y maquetador editorial como profesión actual. Siempre en busca de la creatividad y con un escudo de optimismo.

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