Conciliar vida familiar y laboral… apáñatelas como puedas y te dejen

conciliar vida familiar y laboral

Conciliar vida familiar y laboral… apáñatelas como puedas y te dejen

Conciliar… ¡qué bonito suena!… tan civilizado, suave, comedido, armónico, pacífico y bello que parece el término perfecto para aplacar los ánimos con el tema de trabajar dentro y fuera de casa. Porque no nos engañemos, de eso se trata. Es una forma políticamente correcta de quitar hierro al asunto.

 

En mi opinión lo acertado para designar a este conflicto es «apáñatelas como puedas y te dejen». Claro está que no queda igual de bonito decir » Ley de conciliación de la vida familiar y laboral» que «Ley de apáñatelas como puedas y te dejen con la familia y el trabajo». O «medidas para la conciliación de la vida familiar y laboral» que «medidas para apañártelas como puedan y te dejen con la familia y el trabajo».

Y no digo nada de lo utópico y optimista del titulito de marras… porque según la Real Academia de la Lengua Española conciliar significa componer y ajustar los ánimos de quienes están opuestos entre sí. Y en la práctica componer y ajustar significa que una de las dos partes pierde o que la sufrida persona padece ataques de ansiedad día sí, día no por intentar llegar a los dos frentes de forma satisfactoria.

Y si eres mujer… mejor no hablar. Los problemas de la con-ci-lia-ci-ón se elevan al cubo como mínimo.

Pero el problema existe. Lo llamemos como lo llamemos. ¿Cómo hacer para currar y vivir, sobre todo cuando hay hijos que necesitan nuestra atención y cuidado constante y cercano? No hay una respuesta universal. Cada uno tiene que buscar su solución. La que mejor se adapte a su necesidad y circunstancias.

Últimamente se ha puesto muy de moda el teletrabajo. Trabajar desde casa parece ser el «ungüento amarillo» para lograr el equilibrio entre lo laboral y lo familiar. Sobre todo para las mujeres. He oído muchas conversaciones de desayuno en el que se alababa esta forma de vida. «Es la fórmula idónea», se escucha con frecuencia. Y quien lo dice no lo ha probado, pero su amiga/o sí, y están encantadísimos. ¡Piiiiiii!… error.

Yo sí lo he probado y sé de lo que hablo. Trabajar en casa significa tener una fuerza mental y un autocontrol dignos de figurar en el Libro Guinness de los Récords. Cada día te enfrentas a retos como no caer en la tentación de trabajar en pijama y sin duchar, no poner las lentejas en la olla, no mandar a alguien a la mierda que insinúa que tu trabajo es muy light porque lo haces desde casa… ¿Y qué pasa con los niños cuando están enfermos? Ya tenemos a alguien que les puede cuidar en casa sin problemas… bueno si no consideramos problemas mantener una reunión telefónica con un cliente mientras suena Caillou de fondo o el peque se pone plasta con «cógeme» o «juega conmigo».

Hace poco me reí mucho con una foto de una publicación en la que se ofrecía teletrabajo a mamás. La imagen era un perfecto reclamo pero alejadísimo de la realidad. Una mamá perfectamente peinada y maquillada, con una inmaculada vestimenta en blanco y estilo sport sonreía echada en una cama, también blanca y sin mácula, y tecleaba en un moderno ordenador mientras un pequeñín regordete y simpático, también vestido de blanco, trotaba alrededor de su madre feliz como una lombriz. La verdad verdadera sería que la madre estaría en chándal azul marino con al menos un manchurroncillo de leche o mocos de su pequeñín y una coleta mal hecha. Amén de no estar maquillada ni por asomo. El moderno ordenador sería un PC del año el pum colocado sobre una mesa Ikea de las baratitas y discretas. Y el pequeñajo estaría plasta como él solo porque o bien estaba malito o bien estaba aburrido al ver que su mamá no le dedicaba todo el tiempo que él quería. La pobre madre estaría agobiada hasta límites insospechados porque ni atendía al bebé ni le daba tiempo a entregar a tiempo el trabajo como no se quedara despierta hasta las mil y monas por la noche. Y ahora a juzgar toca ¿conciliación o apañártelas como puedas?

Ante la vista de la realidad muchos hemos visto los coworking como un oasis en el desierto. No son la solución a la «conciliación» porque eso tiene muchos más ángulos de discusión, pero, sin duda, son una gran ayuda. En un coworking por un precio muy asequible se puede trabajar de forma regular y profesional, y, muy importante también, se logra el establecimiento del plano social del trabajo. Te relacionas con gente como tú, con tus mismas inquietudes y problemas. Te puedes tomar un café con ellos y echarte unas risas. Tienes compañeros de verdad, no sólo máquinas como el PC, la nevera y la lavadora. Tus conversaciones van más allá de lo que le gusta a Peppa Pig o qué seleccionar de la mochila de Dora la Exploradora… Para muchos un coworking supone el eslabón oportuno entre el teletrabajo y la vida personal. No sé quién inventó esta receta de espacio compartido de trabajo, pero intuyo que debió ser alguien harto de experimentar las «bondades» del teletrabajo casero y…  posiblemente sería mujer. Apunto en mi agenda de tareas no prioritarias buscar por internet el nombre y la historia del precursor de tan gran idea.

Nuria Calle Sánchez
 
En portada: imagen de la película ¿Qué he hecho yo para merecer esto!
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