Comunas de autónomos, más cerca que nunca

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Comunas de autónomos, más cerca que nunca

Ya os habíamos hablado del coliving; viviendas para nómadas digitales que trabajan y a la vez viajan por el mundo. Ahora os presentamos el cohousing; una nueva tendencia, que viene pisando fuerte, y un paso lógico después de la economía colaborativa y los coworking.

 

El cohousing es convivir en una comunidad, pero no es necesario ser hippy o amar el naturismo. Es parecido a vivir en un complejo residencial. Un grupo de personas, con inquietudes y necesidades similares, se juntan en un lugar con viviendas individuales y privadas, pero comparten espacios comunes que autogestionan de forma consensuada. Lo primero que viene a la cabeza es la típica piscina comunitaria, pero esto es algo más que compartir unos cuantos chapoteos. Las instalaciones y actividades las ponen los vecinos: guarderías, espacios de trabajo, habitaciones para visitas, ponencias, cursos, lavanderías… En definitiva, se ponen en marcha servicios, de todo tipo, que se integran en la comunidad para abaratar costes.

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En España, el cohousing está muy vinculado a los jubilados. Se trata de ancianos rebeldes que se resisten a que los encierren en residencias. Por eso, deciden irse a estas comunidades para disfrutar de la vejez, con otros de su misma quinta, sin que ningún celador les marque su hora de echar la partida.

Pero pensar en jubilados es quedarse muy corto. El cohousing tiene mucho más potencial. Surgió en los 70 en Dinamarca y Holanda (como de costumbre el norte nos lleva la delantera). Fue una propuesta para familias jóvenes, con un nivel económico moderado, que les permitía gozar de más servicios por menos… Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con los coworking?

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De un tiempo a esta parte, el cohousing ha empezado a ser una idea más que potente para autónomos y emprendedores. Con este tipo de vivienda colaborativa, se puede disponer de una casa individual y, a la vez, constituir un coworking vecinal en las zonas comunes. La idea consiste en que los vecinos tengan un lugar de trabajo que autogestionan de forma privada. Y, como hemos dicho, las posibilidades del espacio son tantas como ellos imaginen. No solo pueden compartir espacio de trabajo, también pueden tener una flota de coches, servicios comunes de guardería, salas de reuniones, conferencias… Solo se tienen que poner de acuerdo. Podríamos decir que estamos ante el nacimiento de las “comunas de autónomos”, con una conciencia común de mutuo apoyo.

Estas comunidades funcionan a través de compras, alquileres o, la más común, cooperativas con cesión de uso. Es la forma más sencilla. La cooperativa es la propietaria y los vecinos gozan de la cesión de uso de los espacios para sus actividades. Al fin y al cabo es, literalmente, como si se trabajara en casa, pero estando en un coworking propio. La combinación perfecta de ambas partes.

Algunos de los que estáis leyendo esto, pensaréis que es inviable; una comunidad de vecinos puede ser una auténtica locura (a La que se avecina me remito). Por suerte para todos, tenemos un buen ejemplo en territorio español. Se trata del barrio de Orba en Alfafar (Comunidad Valenciana). Este barrio colaborativo ha recibido el Premio Internacional de Rehabilitación Urbana en Edificaciones Masivas. En este proyecto, del estudio de arquitectura Improvistos, se siguen las tendencias del resto del mundo: reconvertir espacios urbanos, de los años 60 y 70, en viviendas colaborativas.

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Estamos ante el inicio de una auténtica reconversión urbana. En ella, las comunidades son parte de la modernidad y de las necesidades sociales que reclaman entornos adaptables.

En portada: imagen de la película Una casa de locos

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Diego Sánchez

Periodista y comunicador audiovisual de formación. Periodista freelance y maquetador editorial como profesión actual. Siempre en busca de la creatividad y con un escudo de optimismo.

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