La difícil elección de dónde trabajar

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08 Mar La difícil elección de dónde trabajar

To be or not to be, that it’s the question, que diría Hamlet… Pues no, esa no es la cuestión. Esa fue la cuestión. Ser o no ser freelance. Hubo que tomar esa decisión en el pasado. Pero en el presente, en el día a día de muchos freelances, la primera cuestión del día y, por lo tanto, la primera decisión que hay que tomar es ¿dónde trabajo hoy?

 

Parece una pregunta baladí, pero no lo es. Influyen muchas variables en la resolución final. La mayoría de los freelance cuenta con varias «oficinas» que maneja a la vez. La primera suele ser la casa; la segunda una cafetería, y la tercera un coworking o un piso-despacho. Hay quien tiene las tres y hay quien sólo tiene las dos primeras. He aquí el voto número 1 del día. Existen jornadas que claramente se ve que han de ser desarrolladas en casa por motivos tan dispares como que tienes al niño enfermo o simplemente que no te apetece vestirte para salir a la calle, y sabes que te cundirá mucho más abandonándote al pijama y a la bata. No obstante, la experiencia dice que suelen ser muchísimo más productivos los días que sales a la calle y te mimetizas con el mundo exterior.

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Superada la primera parte del juego, viene el segundo nivel de elección, «¿exactamente dónde voy a sentarme y a desplegar todo mi material de trabajo?». En casa hay tres o cuatro sitios claves: el dormitorio, el despacho (sólo aquellos afortunados que tienen una habitación destinada a este uso), la cocina y el salón. Habrá momentos para todo. Generalmente se hace un circuito empezando por el dormitorio, siguiendo por el despacho o el salón y acabando, la mayor parte de la jornada, en la cocina porque el freelance, haciendo gala de su libertad laboral y su facilidad para conciliarla con su vida familiar, es capaz de elaborar un sesudo informe o diseñar una compleja interfaz para usuarios al tiempo que hace unas lentejas con chorizo y pone tres lavadoras.

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Si el día pasa por trabajar desde una cafetería se debe ser muy cuidadoso con el lugar escogido. No todas las cafeterías o cafés son friendly, como se dice en modo chic. Es decir, que no en todos los sitios están por la labor de tener a unos cuantos clientes trabajando desde sus mesas durante horas y consumiendo poco. Muchos locales no están dotados de wifi gratuita ni cuentan con enchufes en los que recargar las baterías y los ordenadores. Últimamente están apareciendo algunos cafés que han visto un nicho de negocio en el colectivo de los trabajadores independientes. Se trata de locales que, adoptando filosofías nórdicas, se decoran de forma minimalista pero confortable, y en los que se ofrece una pequeña carta de dulces y salados además de cafés y tés a un precio ligeramente superior al habitual. Por supuesto, tienen wifi y varias mesas con enchufes cercanos. No son los únicos espacios de hostelería habilitados para trabajar en ellos, pero sí son los que más encanto tienen y, por lo tanto, los más exitosos y demandados por los freelance.

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Llegar a uno de estos lugares es como sentirse en territorio conocido en el que se sabe cómo actuar porque todo forma parte de un ritual que se aprende tras un par de visitas. La primera vez no te percatas de nada. Simplemente entras en un lugar que te parece un oasis en la vorágine de la ciudad. Cuando lo encuentras das gracias al cielo por haberlo puesto en tu camino. Es un lugar bello y acogedor en el que se ve gente como tú y en el que entienden tus necesidades. Pero la luna de miel no dura mucho. Al segundo día te has convertido en un Rambo de los cafés, te ves a ti mismo con el traje de camuflaje, las botas militares y el cuchillo entre los dientes dispuesto a identificar y conseguir tu objetivo: una mesa junto a la ventana con un enchufe.

El hipster de la barba y las gafas de pasta, la pija del iPhone7, el trajeado que viste dos tallas menos y la señora de aspecto agradable que el primer día te hacían gracia y con los que te sentías hermanado, se han convertido en tus competidores por el mejor sitio del café. Si no puedes coger uno de los lugares rey, te tienes que conformar temporalmente con uno de los normales pero sin abandonar la esperanza de que uno de los «sitios guay» se quede libre y seas el más rápido en capturarlo y trasladar toda tu infraestructura laboral a él. Si sales vencedor del torneo notarás cómo el resto de los participantes te miran con odio, pero no importa, has vencido y esa pequeña victoria te llena de orgullo y te da vigor para realizar tus quehaceres profesionales del día.

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Eso sí, el agradable sabor de la victoria dura poco. Exactamente hasta que sientes que la vejiga te va a explotar después del diurético cafetito de 250 ml que llevas tomando toda la mañana. En ese momento eres consciente de que te has creado enemigos de por vida y no les puedes pedir que echen un vistazo a tus cosas mientras vas al baño. La única posibilidad para no perder el sitio es dejar el abrigo y un cuaderno en la mesa y recoger todos los bártulos electrónicos y el bolso e ir al baño con ellos aún sabiendo que vas a hacer malabarismos para hacer pis, porque no suele haber donde dejar ni colgar los bultos.

En el coworking el tema de elegir sitio también tiene su manual. Si se trabaja en un sitio fijo no ha lugar, pero si no lo es hay que ser habilidoso para lograr un lugar «fetén», que dicen los madrileños. Hay que tener en cuenta la iluminación, la distancia perfecta al radiador y a la salida de aire acondicionado y, sobre todo, los compañeros que te rodean. Un coworking es un microecosistema formado por personas y que hace muy cierto el dicho popular de «cada uno es cada uno y tiene sus cadaunadas». Lo mejor es sentarse rodeado de quienes sean más afines de carácter a ti, y evitar a aquellos que por algún motivo te sacan de tus casillas o hacen que no te concentres en tu trabajo.

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Nuestra Sala Gamo, de puestos flexibles, en The Shed Coworking

 

«En este mundo, aquel que tiene la mitad de un pan, un sitio para sentarse, que no es esclavo ni amo de nadie; decidle que sea feliz, pues tiene suficiente en este mundo.» El sabio poeta persa Omar Khayyam no debía estar pensando en los freelance al soltar esta frase pero nos viene que ni pintado.

En portada: imagen de la película En la carretera

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Nuria Calle

Periodista freelance y escritora. La rutina no es lo suyo, por eso decidió lanzarse a la aventura de ser escritora y contar sus vivencias como ciudadana del mundo. En los últimos siete años ha vivido en Suecia y en España. Ahora termina de mudarse a Dallas, Estados Unidos.

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